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Athanasius Kircher (1601 or 1602–1680) (sometimes erroneously spelled Kirchner) was a 17th century German Jesuit scholar who published around 40 works, most notably in the fields of oriental studies, geology, and medicine. Kircher has been compared to fellow Jesuit Roger Boscovich and to Leonardo da Vinci for his enormous range of interests, and has been honoured with the title “master of a hundred arts”.[Kircher was the most famous “decipherer” of hieroglyphs of his day, although most of his assumptions and “translations” in this field have since been disproved as nonsensical. However, he did make an early study of Egyptian hieroglyphs, correctly establishing the link between the ancient Egyptian language and the Coptic language, for which he has been considered the founder of Egyptology. He was also fascinated with Sinology, and wrote an encyclopedia of China, in which he noted the early presence of Nestorian Christians but also attempted to establish more tenuous links with Egypt and Christianity.

Kircher’s work with geology included studies of volcanos and fossils. One of the first people to observe microbes through a microscope, he was thus ahead of his time in proposing that the plague was caused by an infectious microorganism and in suggesting effective measures to prevent the spread of the disease. Kircher also displayed a keen interest in technology and mechanical inventions, and inventions attributed to him include a magnetic clock, various automatons and the first megaphone. The invention of the magic lantern is often misattributed to Kircher, although he did conduct a study of the principles involved in his Ars Magna Lucis et Umbrae.

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The flood
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A Bat known as a Flying Cat
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Chines dragon and tiger
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Chinese Hippopotamus
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Man preparing to attack cobras to remove the “snakestone”, a magnetic antidote to the poison of the snake
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System of subterranean fires
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Mundus subterraneus
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Mount Etna erupting
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Mythological giant
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Chinese Pagoda
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Tower of Babel
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The pyramids of Egypt

Chinese idol rising from the water

Athanasius Kircher (n. 2 de mayo de 1601 o 1602, en Geisa, Abadía de Fulda, Alemania – † 27 o 28 de noviembre de 1680, en Roma) fue sacerdote jesuita, políglota, erudito, estudioso orientalista, de espíritu enciclopédico y uno de los científicos más importantes de la época barroca. En 1623, en Coblenza, enseñó griego, mientras que alcanzó lo que hoy llamaríamos un posgrado en lenguas en Heiligenstadt: al tiempo de ordenarse sacerdote se había doctorado ya en teología. Viajó por Europa hasta instalarse en Roma (1635), de la que ya no se movería hasta su muerte, con la excepción de un importante viaje a Nápoles, Sicilia y Malta a fin de estudiar el vulcanismo. En 1638 estudió el Estrecho de Mesina, donde atrajo su atención el ruido subterráneo. En Trapani y Palermo estudió los fósiles de “elefantes antediluvianos” o mamuts. Estudió las erupciones del Etna y del Stromboli y la terrible erupción del Vesubio en 1630 y cuando preparaba su vuelta a Nápoles le sorprendió el terrible terremoto que destruyó la ciudad de Euphemia. Como el mismísimo Plinio el Viejo el año 79 d. C., descendió con una cuerda al cráter del Vesubio para determinar las dimensiones exactas del mismo y su estructura interna. Todos estos trabajos dieron lugar a su obra El mundo subterráneo (1664 – 1665). Además del vulcanismo, investigó el magnetismo, la luz y los fenómenos a ellos asociados (la piedra imán, el ojo, la óptica, las lentes, los espejos, la refracción, la linterna mágica…) Inventó el modelo que se considera más perfecto de esta última máquina, así como el arpa eolia, un instrumento musical de cuerda que sonaba solo con el paso de las corrientes de aire. Consiste en una caja de resonancia rectangular, larga y angosta sobre la cual se extienden doce cuerdas para guitarra (cuatro de la nota sol, cuatro de la nota si y cuatro de la nota mi). Se fijan a clavos sin cabeza en un extremo y a pasadores de afinamiento en el otro y se sitúa en una ventana para que al fluir una corriente de aire fuerte sobre las cuerdas produzca un sonido etéreo que varía sus tonos musicales con la intensidad del viento, a la manera del rey David, quien situaba el arpa a la cabecera de su cama para obtener este resultado.

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